Vídeo: El romanticismo agridulce de Wong Kar-wai

El pasado 25 de febrero estrenamos lavado de cara en nuestro canal de Twitch y para la ocasión decidimos adentrarnos en la filmografía de uno de los cineastas más respetados y amados del cine asiático: Wong Kar-wai. Recluidos en la tienda de Espacio Fílmico, nos aventuramos a analizar formal y temáticamente el cine de uno de los directores que más hincapié ha hecho en el desamor y la soledad. Un especial que tuvimos que llevar a cabo en dos programas y que introdujimos con un vídeo-presentación con el siguiente texto:

Nacido en Shanghái, el estallido de la Gran Revolución Cultural Proletaria obliga a los padres de Wong Kar-wai a emigrar a Hong Kong, donde su madre y él tuvieron problemas de integración social por las diferencias idiomáticas. Esto lo suplieron yendo regularmente al cine, que en boca del propio director: «era algo que podía entenderse más allá de las palabras. Era un lenguaje universal basado en las imágenes».Cuando a finales de los ochenta el cine de Hong Kong llega al público occidental, lo hace por medio de películas comerciales de acción. Pero la llegada de Wong Kar-wai lo cambió todo.

A través de las mismas herramientas visuales que contemporáneos como John Woo o Jackie Chan estaban utilizando para hacer sus exitosos trabajos, Wong Kar-wai realiza películas sumamente personales y poéticas. Películas que exigen estar alerta, no solo de lo que el continente tangible de la pantalla nos muestra, sino del conjunto de sensaciones y sentimientos que el cineasta despierta y agita en nuestro interior. Objeto de culto cinéfilo en Occidente, el cine de Wong Kar-wai debe verse como un todo; un todo que se erige como guarida de almas en pena, en la que los sentimientos son huidizos y las frustraciones, constantes. Almas en pena perdidas en un laberinto emocional.

A continuación os dejamos los dos programas del especial, ubicados en nuestro recientemente estrenado canal de YouTube.

Cuando intento explicar al operador de cámara la velocidad que quiero para un determinado movimiento, una pieza musical la suele comunicar mejor que mil palabras.

Wong Kar-wai

Deja una respuesta