[D’A] Little Joe – La conquista de la felicidad

La austriaca Jessica Hausner se presenta al inicio de la película y lamenta no poder estar en Barcelona para poder presentarla en el D’A Film Festival, tras haber pasado previamente por los festivales de Sevilla y Cannes, y donde se le dedica una retrospectiva a toda su obra que también se puede ver online en Filmin.

Tras eso, abre el film presentando al motivo central que le da el título, la planta “Little Joe”, que desde un plano cenital va entrando en escena poco a poco en lo que parece un masivo cultivo artificial de alguna especie de invernadero de última tecnología, donde el colorido rojo de sus capullos nos acompañará a lo largo de la película y que, al revelarse en compañía de otros especímenes, comenzará a generar los primeros contrastes de color que veremos en la película.

Little Joe Espacio Fílmico
Ben Whishay interpreta a uno de los creadores de Little Joe.

Esta planta se trata de una nueva creación del equipo científico liderado por Alice (Emily Beecham) y Chris (Ben Whishaw), en cuya empresa se encargan a través de la manipulación genética de crear y cultivar nuevos tipos de plantas con diferentes tipos de adaptaciones que les permiten obtener mejoras sustanciales, algo que no suena muy a distopía cuando hoy una parte de nuestros alimentos los obtenemos a través de cultivos genéticamente modificados. En este caso, sin una necesidad nutricional y más allá de lo ornamental, con nuestra planta Little Joe a cambio de una atención y cuidados constantes obtenemos felicidad como recompensa.

¿Pero cómo obtenemos esta felicidad? En principio, Little Joe, a través del aroma que genera, es capaz de llegar al sistema nervioso y provocar una estimulación en el organismo para que genere una de las hormonas de la felicidad, en este caso Oxitocina. Su precio a pagar es que se le ha desprovisto de la capacidad de reproducirse, y ante la problemática de su esterilidad, parece tomar consciencia de este hecho teniendo que buscar otros métodos; y es, a través de la conquista de la felicidad, como puede llegar a asegurar su supervivencia.

No es sólo aquí cuando la directora plantea uno de los dilemas a debatir a lo largo de la película, ya que partiendo de una simple premisa e inspirada fuertemente por La invasión de los ladrones de cuerpos (que cuenta con varios remakes y tanto la versión de 1956 y la de 1978 se pueden ver en Filmin) donde nos va introduciendo en un viaje a través de los géneros fantástico y terror psicológico en cuestiones que bien podrían funcionar a modo de capítulo de Black Mirror, siendo las reflexiones inherentes reflejadas en esta película atemporales, en estos tiempos de crisis mundial por el coronavirus donde el distanciamiento social ha sido norma, la abstracción de la cámara frente a los personajes en los elementos formales que componen la habitación nos presentan ajenos a ese mundo, como si nada de eso importase realmente, y los diálogos terminan siendo vacíos. La película se apoya de manera inquietante en la música del japonés Teiji Ito, que nos ayuda a situarnos creando unas atmósferas turbias con reminiscencia oriental y es capaz de subvertir nuestra conciencia en los momentos más tensos.

Es el tono estilístico de la película lo que quizás más relevancia puede tomar, pero con las emociones frías que nos muestran sus personajes al igual que los colores que los visten y los acogen, en estancias apagadas como sus pisos de ciudad inglesa; o demasiado pulcras y carentes de vida como los laboratorios donde trabajan irónicamente en la creación de esta. El diseño de vestuario, elaborado por la propia hermana de la directora, acierta con esto al reflejar la atemporalidad y desproveer a los personajes de todo carácter y particularidad mostrándolos en su conjunto fríos y monótonos.

Little Joe D'A Film Festival Barcelona
Emily Beecham proporciona la mejor interpretación de la película.

El par de elementos discordantes de esto último son la dupla Alice junto a su hijo Joe, cuyo nombre termina derivando en la planta Little Joe. Esta particularidad la podemos ver en las Nike air max 90 de Joe también rojas, “bonitas sneakers”, que son el único elemento distintivo en el uniforme y ropa genérica que lleva, y como tal, es el único elemento identificativo que posee. Y aunque en algún momento tiene una amiga a la que conocemos con un vestuario estrambótico y alto en carácter para su edad, pronto se le desposee de esa identidad para ser absorbida bajo la regularidad uniformada y robótica del resto de personajes. Por otro lado, Alice ya presenta una identidad significativa con su estilo de pelo y color, a modo de símil con su creación, que acompaña con elementos en su outfit como bisutería o camisas, que le van a otorgar el toque disruptivo frente a los demás. No menciono aquí las camisetas “graciosas” de su jefe, o elementos de otros personajes que sólo sirven para remarcar el estereotipo en función, como el geek friki, etc.

Este hilo conductor que presentan Alice y Joe, juega ex profeso ligando la parentalidad de los personajes con la de Little Joe y todos aquellos a los que acaba dando felicidad, ya que les genera un vínculo de progenitor que les otorga esa protección por momentos terrorífica. Y debido a que Alice está separada de su pareja y cría a Joe como madre soltera y trabajadora, se plantea también hasta qué punto debe de anteponer una madre su carrera profesional frente a la felicidad de sus hijos y la propia. A lo largo de la película se nos muestra a una mujer con plena dedicación a su trabajo del que disfruta y tiene un éxito satisfactorio, pero carece del tiempo necesario para poder disfrutar con su hijo y dedicarse a las tareas del hogar, sus encuentros diarios son comiendo comida rápida y hablando sobre planes que no van a poder realizar por falta de tiempo, o incluso en su propio lugar de trabajo. La preocupación se vuelve mayor cuándo Joe, a la que su madre le regaló un ejemplar de Little Joe para que sea feliz, toma decisiones que se enfrentan a la voluntad y creencias de Alice y ésta debe decidir sin son genuinas para saber si la felicidad que buscan es “verdadera” o está impuesta por Little Joe

Película Little Joe
Madre e hijo compartiendo cena.

La falta de interés que se genera entre este ente abstracto y su interacción con la protagonista a través de los personajes a los que invade con felicidad no ayuda a que transcurrida la mitad de la película se quede a dos aguas entre la falta de reflexión total y una ausencia de presión psicológica: no se nota una invasión, ni una avalancha. La duda entre si eres tú o una persona diferente, o hasta que parte de tu entorno es el que reconoces queda enturbiada entre escarceos amorosos en los que no se sabe quién toma parte y no tienen ninguna relevancia, y tramas de misterio sin fuerza. ¿Este sentimiento que nos ocupa es real o un motivo aparente en busca de un fin único? Da igual, le resta interés y junto a la falta de emociones en general de la película, y a la parquedad de su hilo narrativo nos termina dejando de manera no intencionada tan fríos como el mundo que retrata.

Más allá de eso y otros planteamientos que a lo largo de la película y de manera pausada nos va remitiendo la directora, la reflexión a la que nos dirige es para que nos replanteemos el precio de la felicidad dejando múltiples cuestiones en el aire. Y aunque durante momentos esta felicidad nos puede parecer terrorífica y carente de personalidad: ¿Ser feliz es malo? ¿Cuál es el precio que estamos dispuestos a pagar? ¿La felicidad la creamos o nos la crean? ¿Somos producto de la felicidad?

La felicidad que requiere intoxicación, sea del tipo que sea, es espuria y no satisface. La felicidad auténticamente satisfactoria va acompañada del pleno ejercicio de nuestras facultades y de la plena comprensión del mundo en que vivimos.

Bertrand Russell, La conquista de la felicidad.

Deja una respuesta