La música que escucha Nicolas Winding Refn

Unos apuntes sobre Nicolas Winding Refn

Podemos afirmar, sin riesgo a equivocarnos, que Nicolas Winding Refn (Copenhague, 1970) es actualmente uno de los directores estetas por antonomasia. De padres liberales y cinéfilos –amantes de la Nouvelle Vague–, Winding Refn creció en un entorno cinéfilo y ciertamente acomodado. Por su parte, siempre sintió predilección por el cine de terror y de explotación, lo que hace que, en cierto modo, comprendamos la suma importancia que la violencia tiene en su cine. No obstante, la gama de influencias del director danés es bastante amplia y abarca desde películas como La matanza de Texas (Tobe Hooper, 1974), Carrie (Brian De Palma, 1976), Suspiria (Dario Argento, 1977), 1997: Rescate en Nueva York (John Carpenter, 1981) o Videodrome (David Cronenberg, 1983), hasta El silencio de un hombre (Jean-Pierre Melville, 1967), Malas Calles (Martin Scorsese, 1973), Quiero la cabeza de Alfredo García (Sam Peckinpah, 1974), El asesinato de un corredor de apuestas chino (John Cassavetes, 1976) o Irreversible (Gaspar Noé, 2002). 

Algo que ha caracterizado la carrera de Refn ha sido su búsqueda constante de un estilo visual que lo defina, así como un uso reiterado de la violencia, a la que empieza tratando con un carácter más naturalista y explícito para después dotarla progresivamente de un tratamiento más estético, sobre todo a partir de Bronson (2008). En Drive (2011), por ejemplo, traza unas coordenadas plásticas que hipnotizan la atención del espectador para después zarandearla a través de feroces y desmesuradas –pero breves– explosiones de violencia. Para el director danés, la violencia –al igual que la música, como veremos más abajo– no es un elemento más en la película, sino que vertebra sus filmes, llegando incluso a supeditar el estilo formal de estos.

En cuanto a su particular estilo visual, es un rasgo que ha ido depurando y perfeccionando a lo largo de su filmografía, siendo Solo Dios perdona (2013), quizá, la película que marca esa depuración formal que también vemos en trabajos posteriores como The Neon Demon (2016) y Too old to die young (2019). En Solo Dios perdona, Refn apuesta por la atmósfera como vehículo narrativo, algo arriesgado pero enormemente sugerente que provocó una división holgada en crítica y público. Mientras que para un sector era un ejercicio de virtuosismo sensorial, para otro esto provocaba que su contenido fuera hueco, reduciendo al filme a mero ejercicio formal. El color rojo, omnipresente en prácticamente toda su filmografía, se erige aquí como elemento claustrofóbico; «las calles de neón iluminan el progresivo derrumbe psíquico y el salvaje exorcismo de los fantasmas del pasado en un personaje corroído por la incomunicación más destructiva que se mueve siempre por las zonas de sombra» (Pérez, 2015: 47).

Escena de Solo Dios perdona en la que Julian (Ryan Gosling) presencia la masturbación de una prostituta tailandesa.

La melomanía de Nicolas Winding Refn

Como se menciona más arriba, junto a la violencia y el aspecto formal, la otra gran protagonista de su filmografía es la música. Si pensamos en la música de sus últimas películas, automáticamente suenan en nuestra cabeza sonidos vinculados al new wave propio de los 80, así como muchos de los subgéneros que emergen  de él. Sin embargo, y al igual que ocurre con la diversidad de sus influencias cinematográficas, en su filmografía podemos escuchar desde éxitos de discoteca setenteros, pasando por el hard rock y la música clásica, hasta el synthwave, el melodic techno o el ambient que dominan sus películas desde que comenzara a colaborar con Cliff Martínez –junto a Peter Peter, el compositor que más ha trabajado con él–, con quien ha conformado una sintonía extraordinaria, haciendo que las películas del danés sean aún más singulares.

Si, por ejemplo, nos fijamos en la banda sonora de Bronson, nos encontramos una enorme miscelánea musical, que mezcla piezas de Verdi, Strauss o Wagner con el synthpop de New Order o Glass Candy. Por su parte, en The Neon Demon encontramos menos presencia de canciones pertenecientes a otros artistas –solo tres–, algo contrario a lo que ocurre en sus tres películas anteriores; aquí Martinez tiene mayor libertad y presencia, y por tanto, la banda sonora es más homogénea, aunque dentro de esta uniformidad sonora encontramos temas cercanos al darkwave para los momentos más macabros y temas más minimalistas y ambientales –etéreos, incluso– vinculados a la juventud inocente de Jessie (Elle Fanning). Seguramente este filme, junto con Solo Dios perdona, sea el más sensorial de Refn y gran parte de la culpa recae en su colaboración con Martinez. En una reciente entrevista de Tim Greiving a ambos artistas, el compositor neoyorquino recuerda su primera colaboración en Drive, cuando Refn le mencionó algunas referencias musicales –como Brian Eno, Goblin o Trentz Reznor– a tener en cuenta. Sin embargo, tras años de trabajo conjunto, Refn solo le pide que sea él mismo: «Cliff is 100 percent Cliff. And being 100 percent you never goes out of fashion» (Greiving, 2019).

Nicolas Winding Refn y Cliff Martinez

Si continuamos leyendo la entrevista de Tim Greiving, podemos entender mejor lo mucho que significa la música para Refn, pues ¿quién mejor que él para hablar de su propia percepción? El director danés explica que la mayoría de la música se utiliza muy mal, ya que simplemente se usa para subrayar emociones, para señalar lo predecible. Cuenta también que cuando era niño su madre le dio un LP de la partitura que Ennio Morricone compuso para Hasta que llegó su hora (Sergio Leone, 1968): «I would listen to that score before [making] every single movie about a trillion times […] It certainly taught me how it’s the other 50 percent of a movie», añade Refn. Leyendo esto somos conscientes de la enorme preponderancia que tiene la música en su cine, a la que trata como un personaje más, otorgándole incluso la misma jerarquía que a la cámara: «I think it’s like an actor or an actress […] It’s like the camera. The camera is not there to support anything. The camera’s there because there would be no narrative without cuts. [Without] music, there would be no internal odyssey, in a way. Music is the channeling of the soul».

Leyendo las anteriores citas podemos hacernos una idea bastante nítida de la suma importancia que tiene la música para Refn. Es indudable que el danés tiene una aproximación a la música que no muchos directores comparten. A continuación tenéis una lista de Spotify con cincuenta temas escogidos por quien pone palabras a este artículo. Naturalmente, la lista tiene un fuerte carácter subjetivo, que se nota en la abultada presencia de artistas como Jean-Michelle Jarre o M83. Ese carácter subjetivo también ha influido en que la playlist esté claramente inspirada en sus cuatro últimas películas y, por tanto, dominada por new age, ambient, synthpop o techno. Ahora solo queda darle al play para –ojalá– descubrir nuevos sonidos y saltar al universo «retrofuturista» y colorista de Nicolas Winding Refn.

Referencias bibliográficas

PÉREZ, A. Nicolas Winding Refn o la violencia del gesto. [Tesis doctoral] Barcelona, Universidad Pompeu Fabra, 2015. Recuperado de: http://hdl.handle.net/10230/25234

GREIVING, T. Nicolas Winding Refn and Cliff Martinez on the Primal Melding of Music and Image. En FLOOD Magazine (2019). Recuperado de: https://floodmagazine.com/63685/nicolas-winding-refn-and-cliff-martinez-on-the-primal-melding-of-music-and-image/

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