“La chica del tambor”, cine en seis capítulos

Durante esta cuarentena y su respectivo parón cinematográfico todos hemos tenido la oportunidad de descubrir obras que teníamos pendientes o que, por alguna extraña razón, dormían escondidas en la vasta nube de las plataformas VOD —una manera intensa de decir que, básicamente, habían pasado desapercibidas—. Este último caso es el de “La chica del tambor”, una miniserie de seis capítulos en la que el director de cine Park Chan-Wook (“Oldboy”) adapta la novela homónima de John le Carré, contando como protagonista con la flamante Florence Pugh (“Midsommar”, “Mujercitas”) junto a Alexander Skarsgård (Eric Northman en “True blood”). Todo un compendio de nombres que ya, de buenas a primeras, hace muy improbable que esta serie no merezca la pena.

La chica del tambor Espacio Filmico Blog
Florence Pugh y Alexander Skarsgård son el dúo protagonista.

Estamos ante una historia de espías, con ingrediente amoroso incluido, que nos sitúa en los años setenta cuando una pequeña actriz de teatro, tan corriente como vosotros y yo, se ve envuelta en el conflicto palestino-israelí y todo el terrorismo que trae consigo.

Aquí sentimos a un Park Chan-Wook alejado del guion y, por lo tanto, la ausencia de sus señas de identidad a nivel argumental. Una rara avis dentro de su filmografía. Sin embargo, esto no es algo para nada negativo si tenemos en cuenta que hablamos de la adaptación de una novela escrita por uno de los maestros de este género.

Esta vez, el coreano se “limita” a dirigir, a narrar de una manera audiovisual esa historia escrita con las manos de otro. Una limitación muy entrecomillada porque se hace palpable que detrás de la cámara tenemos a un cineasta, más bien, desatado. Los grandes angulares se apoderan de la serie, regalándonos planos impactantes de manera constante y sin disimulo. Unos angulares idóneos para expresar una realidad que se deforma incansablemente y que cada vez se funde más con la ficción que deben crear los espías para sobrevivir. A esto se le tiene que sumar el desconcertante efecto óptico que utilizan repetidamente y que apunta a la misma dirección que sus amigas las ópticas: la de la verdad contra la ficción.

Reseña La chica del tambor
Los angulares son constantes durante toda la serie.

Por otro lado, su viva paleta cromática resulta todo un punto de carisma e identidad; todo un gusto para los ojos y además expresa la psicología y la evolución de los personajes. Puede que hasta también resalte esa idea de ficción pues a veces los looks son tan llamativos y perfectos que hasta se ven artificiosos.

La chica del tambor Florence Pugh
Lo importante: Todos los colores le sientan genial a Florence Pugh.

Al igual que la presencia de grandes angulares —aquí todavía más exagerados—; la banda sonora recuerda a “La doncella”, la anterior película del director. Es normal. Él no deja de tener sus tics, sus herramientas favoritas; pero lo importante es que matiza y siempre las encaja a la perfección con el tema que toca.

En cuanto a la interpretación destaca la protagonista, que se hace con un personaje con múltiples caras al que vemos actuar, cantar, luchar y vivir momentos íntimos llenos de sensualidad; también destaca Michael Shannon como la persuasiva mente detrás de toda la operación; Alexander saca a relucir una expresividad reducida a mínimos, algo muy acorde a su personaje, quien resulta alguien imposible de leer.

La chica del tambor fotografía
Michael Shannon en un plano de aúpa.

Si hay algo que pueda recriminar a la serie es, precisamente, que quiero más. Algunas situaciones de los últimos capítulos pasan de manera veloz y, si se hubiesen detenido más en ellos, no solo hubiésemos podido disfrutar mejor del cambio que viven los personajes, sino que la tensión hubiese aumentado. Echo en falta dos capítulos más. Este es el motivo por el que, siendo honesto, “La chica del tambor” no os va a dejar una huella imborrable y no se va a convertir en esa serie que vais a recomendar como imprescindible, en definitiva, probablemente no va a subir al podio de vuestras series favoritas. Sin embargo; aunque sufra el lastre de que sus personajes no nos marquen para siempre, su historia es muy interesante y exigente, y la expresividad de su cinematografía está fuera de lo normal en el mundo televisivo. Si le hacemos un examen en relación al tiempo invertido y su calidad, sale sobradamente aprobada: con un notable.

A día de hoy, la podéis encontrar en Movistar+.

1 comentario

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Tengo que darle una oportunidad a ésta y al resto de la filmografía de Park. Sus incursiones vampíricas, Stoker y Thirst, me parecen de lo mejorcito que ha dado el cine de vampiros en los últimos años

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