Akelarre, mi ganadora de los Goya 2021

Akelarre (Pablo Agüero, 2020) me ha embrujado. Hecho el chiste, la realidad es que me ha parecido brillante en muchos aspectos. Solo hace falta ver el tráiler para apreciar la gran producción que hay tras este proyecto nacido en el País Vasco. La película, con un presupuesto de 2,5 millones de euros, no ha conseguido colarse entre las nominadas a Mejor película en los Goya de 2021, aunque haya sido nominada en otras 9 categorías, convirtiéndose así en la segunda película con más nominaciones del año.

Una fotografía bella, natural, que no se siente artificial. Un casting ideal, con unas actuaciones que hacen a los personajes poderosos, aún más memorables. Y un tratamiento del sonido espectacular. Desde la BSO, candidata a Mejor música original, hasta los pequeños detalles, como el masticar, que te avivan los sentimientos propuestos a través de la narración y los diálogos constantes. Y yo, lo admito, soy fan de las palabras.

La película trata sobre la caza de brujas y, en concreto, sobre una historia inspirada libremente en las memorias del juez Pierre de Lancre, que condenó a cientos de personas por brujería desde 1609. Es aquí donde me conquista la película. Y es que, el arquetipo de bruja, por atractivo que se haya convertido para el mundo, se basa en unos hechos espantosos que buscaban exterminar un tipo de persona muy concreta: la mujer libre en cuerpo y alma. Por arrojar algunos datos: se estima que alrededor del mundo mataron entre 40.000 y 100.000 mujeres por ser consideradas brujas y otras cientos de miles fueron juzgadas. Muy resumidamente, más les valía no ser libres, y ni siquiera aparentarlo.

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¿Cuál es el acierto de Akelarre? Usar una trama de por sí interesante para hablar de los problemas actuales. Problemas que vienen de 1609, y de mucho antes. Es por esto que he disfrutado la película por partida doble. Primero, porque es una buena historia y segundo porque ya era hora de que alguien en el mundo del cine tomase parte y opinase sobre todas las injusticias sociales que vivimos a día de hoy.

La película habla sobre la represión policial, sobre la falsa moral de la iglesia y sobre el poder de la mujer mientras que, de paso, reivindica el reprimido sentimiento vasco (e indirectamente el del resto de culturas que conviven en España) a través de su lengua, sus paisajes y su gente. ¿Hay algo más actual que eso? Lo mejor es que no lo hace como una excusa para vender una ficción, algo entretenido (como hace Antidisturbios, por ejemplo). En este caso, la ficción está al servicio de la crítica social.

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Akelarre destaca en que nada parece prefabricado ni obvio. Ni la fotografía parece tan perfecta que se convierte en artificial (una corriente muy actual), ni la historia resulta increíble, ni la crítica es tan literal como para ser percibida por todos. Es más, quizá más de una persona discrepe con mis afirmaciones y desmienta que existen tales críticas mencionadas. Pero como dijo alguien, una película tiene tantos significado como personas la hayan visto. Y yo me quedo con este significado (el correcto).

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